21 ago 2008

Primero las damas… (escrito por Por Diego Araujo Sánchez)


La ministra de Igualdad de España, Bibiana Aído, armó, semanas atrás, una sonada polémica cuando, en un discurso ante el Parlamento de su país, utilizó la palabra "miembras" para referirse a las diputadas. Tras el escándalo que provocó el intencional dislate, justificó la palabra con la inexacta afirmación de que "miembras" es de uso común en Iberoamérica (la funcionaria había estado poco antes de gira por algunos de nuestros países) y fue más allá: pidió a la Real Academia de la Lengua incluir en el Diccionario oficial esa palabra. Ante las críticas de los académicos, la ministra aludió al tufo machista de la respetada corporación.

Es positiva la voluntad de luchar contra el sexismo en el lenguaje. Pero esa saludable postura cae en excesos que lindan con el disparate. Por ejemplo, si se aboga porque se hable de miembros y miembras del Parlamento, ¿por qué no presionar para que se utilice, en un caso inverso, colegas y colegos, criaturas y criaturos o la víctima y el víctimo, para mencionar unos pocos ejemplos puestos en el tapete por Javier Marías con ocasión de esa polémica? ¿O por qué no incluir también persono y no solo el común persona?

Pese a la afirmación del uso iberoamericano de "miembras", las asambleístas y los asambleístas en el Ecuador (para seguir el uso que incorporan ellos y ellas en el proyecto de nueva Constitución) no llegaron a utilizar esa voz, aunque la buena intención de combatir el sexismo les haya llevado a otros excesos y pintorescas incoherencias.

Algunas decenas de páginas se hubieran ahorrado para paliar la abundancia verbal en el proyecto, si se acogían al principio elemental de economía de toda lengua y no duplicaban, a troche y moche, voces como ciudadanas y ciudadanos (primero siempre las damas, como es de buenos caballeros y caballeras), ecuatorianas y ecuatorianos, ministras y ministros, presidenta y presidente, juezas y jueces, servidoras y servidores, y otras voces por el estilo. Esa lógica se topa con insalvables contradicciones: por ejemplo, si se dice en el proyecto de Constitución que "no podrán ser ministras y ministros de Estado los parientes hasta el cuatro grado de consanguinidad", ¿por qué no señalar también, con ese mismo criterio, a las parientes o, mejor, parientas? ¿O cuando el art. 141 establece que la presidenta o presidente de la República… es el jefe de Estado y de Gobierno", ¿por qué no mencionar también que una u otro son la jefa o el jefe de Estado? ¿O cuando se refieren a los miembros de las FFAA, ¿por qué no echar mano de la voz "miembras" para emular a la ministra española de Igualdad?

En fin, no creo que esas veleidades conviertan en un instrumento más democrático al proyecto de Constitución, como tampoco aseguran que se evite la manipulación por la concesión del voto facultativo a los jóvenes y las jóvenes entre los 16 y 18 años, los integrantes y las integrantes de las FFAA y las policías y, ¿por qué no, los policíos? Peor aun se garantiza la más elemental democracia con las transitorias disposiciones y transitorios artículos del régimen de transición.

Fuente:http://www.hoy.com.ec/NoticiaNue.asp?row_id=301900

11 jul 2008

Acabar con todo (Octavio Paz)

Acabar con todo
Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,oh mundo desangrado,
para acabar con todo.
Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.
Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.
Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.
Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.


Octavio Paz

16 jun 2008

Poética y publicidad en Juan Ramón Jiménez (por Vázquez Medel)


Nos encontramos, pues, ante la circunstancia concreta que promueve la presencia de referencias transtextuales sobre textos y procesos publicitarios: la relación del poeta con New York, especialmente en lo que ésta presenta como dimensiones molestas e inhumanas. Un camino, por cierto, que Lorca transitará con más contundencia, aunque con recursos poéticos bien distintos. En cualquier caso, si la ocasión de esta transitoria relación de la poesía juanramoniana con los textos publicitarios es el choque de nuestro poeta con una ciudad que arroja de sí ciertos modos de experiencia y convivencia humanos, para transformarlos en un proceso de mercantilización absoluta, hemos de preguntarnos también por ciertas claves personales: "Es el gran enfrentamiento -nos dice G. Azam (1983: 302)- entre Juan Ramón y los Estados Unidos". Un enfrentamiento que remite, también, a un peculair momento de su peripecia personal: "El símbolo de la primavera que traduce, de forma particularmente adaptada, su disonancia interior, surge con mucha frecuencia. Desde ahora, no se preocupará por descubrir e interpretar cuanto sucede en el exterior, sino que también buscará su propio renacimiento".
Parece indudable que, nos guste o no, Juan Ramón era incapaz de convertir en sustancia y forma poéticas experiencias que no pasaran por el yo absoluto de una identidad continuamente amenazada. Por tanto, su experiencia y su comunicación sobre la realidad norteamericana -o mejor neoyorkina, habría que decir más precisamente- pasan por su propia experiencia y su realidad personal. Parece, con todo, excesivo afirmar, como hace José Ortega (Cuadernos, 1981: 881) en contraposiciones entre Juan Ramón y Lorca que se sostienen mal que "Desde el plano del compromiso estrictamente social la diferencia entre ambos escritores es notable. Comprometerse con su oficio de escritor, como en el caso de J.R.J., no es actividad incompatible /para Lorca/, como lo prueba Poeta en Nueva York, con la preocupación por el hombre". Creemos que hay que hacer una lectura muy sesgada o promover una interpretación muy parcial -muy de estéticas transitorias superadas- para entender en el Diario cualquier tipo de conflicto entre el oficio de escritor y la preocupación por el hombre. Pero así parece entenderlo José Ortega cuando añade más adelante: "A J.R.J. parece no interesarle los deshumanizantes efectos del materialismo americano, limitándose a captar los signos exteriores del fenómeno de la comercialización, como esas iglesias que anuncian sus productos como otra mercancía, o la luna que se confunde con un anuncio luminoso. Lorca, por el contrario, denuncia apocalípticamente la raíz del mal, mal que identifica con la bolsa neoyorquina, símbolo de una radical deshumanización que exige urgentes medidas". Finalmente, en esta interesante, pero tal vez restrictiva visión contrapone la "problemática sentimental, referida a un 'yo'", supuestamente caracterizadora de Juan Ramón, frente al "dolor y el sufrimiento", "experiencia vital de la que otros hombres pueden beneficiarse", constitutivas del universo lorquiano. Lo que más nos llama la atención es que este artículo al que venimos refiriéndonos, "Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca: dos poetas andaluces en Estados Unidos" quede encabezado por la siguiente cita de Juan Ramón: "Lorca redondeó su jitanismo especial con mucho de lo negro rotundo, y entrevió lo negro de Estados Unidos a su manera esterior". Qué sea interior o qué exterior en la visión de fenómenos negativos es algo que, probablemente, dependa de una determinada perspectiva. Sólo que, en el texto, no nos queda ninguna duda de que Juan Ramón estaba convencido de que su contemplación de "lo negro de Estados Unidos" era más profunda que la de Lorca a la que, por ello, llama "esterior".
Es un error olvidar que el mismo tono de la crítica lorquiana está tan condicionado por su drama interior, por su depresión, por las circunstancias personales que rodean su viaje a New York como en el caso de Juan Ramón. Éste iba al encuentro del amor en un momento de exaltación interior y de reencuentro con su identidad. Lorca iba huyendo del desamor, imbuido en un conflicto con su homosexualidad nada fácil de resolver. Baste que quede clara la contraposición de tonos y actitudes, sin que de ella pueda entenderse ningún juicio de valor ni ético ni estético. Fueron experiencias distintas que se articularon en claves temáticas y estilísticas diferentes.

A modo de (in)conclusión.
En la reflexión que antecede, hemos partido de algunas dimensiones caracterizadoras de la naturaleza cambiante del discurso poético y el discurso publicitario en el desarrollo y la crisis de la modernidad. Confrontados, nos devuelven en ocasiones la imagen de una aparente simetría, en ocasiones el eco de una divergencia que cada uno de nosotros acepta o rechaza, también, desde las redes que nos constituyen en nuestros concimientos, nuestras experiencias, nuestros intereses... desde nuestra enciclopedia, nuestras trayectorias interpretativas, nuestros cánones y reglas axiológicas.
Nos hemos asomado a un momento singular, por tantas razones, en el desarrollo de una experiencia poética y una práctica publicitaria que indefectiblemente nos constituyen. Y no es Juan Ramón Jiménez mal referente (por ser un referente fuerte y a la vez inasible) para el acuerdo o el desacuerdo. Hemos intentado categorizar una experiencia y trazar algunas claves de una experiencia liminar. Aunque el tiempo haya ya podido transgredir en parte algunos límites y habernos retirados espacios de fundamentación de experiencias. Tal vez, al final, sea inevitable preguntarnos qué concluir, o qué hacer, o qué pensar.
Se me ocurre que ya es casi inevitable someterse (otra cosa es si de modo beligerante o resignado, con ilusión o desencanto) a esas estrategias fatales que trazan nuevas lógicas del límite, nos abocan al vacío o a la espectacularización y que abren nuevos espacios de transcendencia: "si el mundo es fatal, seamos más fatales que él. Si es indiferente, seamos más indiferentes que él. Hay que vencer al mundo y seducirle con una indiferencia por lo menos equivalente a la suya (...). A un lado la inercia y el silencio, al otro el desafío y el duelo. Lo fatal, lo obsceno, lo reversible, lo simbólico no son conceptos, ya que nada diferencia la hipótesis de la aserción: la enunciación de lo fatal es también fatal, o no es. En este sentido es un discurso cuya verdadse ha retirado (de la misma manera que se retira una silla debajo de alguien que se dispone a sentarse)" (J. Baudrillard, 1988: 84-85).
Hasta cierto punto he intentado convencerles de que, en el fondo, es esa retirada lo que somete a una radical zozobra (también de formas y procedimientos poéticos) al Juan Ramón que se confronta con la poderosa realidad de Norteamérica del Este. Y en ese desgarrón aflora, simbólicamente, el uso de la publicidad, que ha terminado simbolizándonos, materializándonos, consumiéndonos. Todavía con desagrado, con alguna resistencia. Y ya con una duda que es algo más que retórica.
¿Qué queda? Una pregunta metafísica -esto es, acerca de la esencia real de las cosas- ya sin respuesta: "¿Es la luna, o es un anuncio de la luna?"

REFERENCIAS
Albornoz, A. (1972): "El 'Collage-anuncio' en Juan Ramón Jiménez", en Revista de Occidente, 110. Recogido en Albornoz, A. (ed.) (1980): Juan Ramón Jiménez, Madrid, El Escritor y la Crítica, Taurus, pp. 292-298.
Azam, G. (1983): La obra de Juan Ramón Jiménez, Madrid, Editora Nacional.
Baudrillard, J. (1988): El otro por sí mismo, Barcelona, Anagrama.
Blasco Pascual, F.J. (1981): La Poética de Juan Ramón Jiménez. Desarrollo, contexto y sistema, Salamanca, Universidad de Salamanca.
Greimas, A.J.-Courtès, J. (1979): Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje, Madrid, Gredos, 1982.
Jiménez, J.R. (1916): Diario de un poeta reciencasado, Ed. de A. Sánchez Barbudo, Barcelona, Labor, 1970.
Ortega, J. (1981): "Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca: dos poetas andaluces en Estados Unidos", en Cuadernos Hispanoamericanos, 376-378 (1981) pp. 875-885.
Predmore, M. (1975): La obra en prosa de Juan Ramón Jiménez, Madrid, Gredos.
Vázquez Medel, M.A. (1982): "Apuntes para una lectura metafísica del Diario", en Archivo Hispalense, 199 (1982), pp. 233-262.
Vázquez Medel, M.A. (1987): "'Etica y Estética en la obra de Juan Ramón Jiménez", en Poesía y Poética. Poetas andaluces del siglo XX, Sevilla, Alfar, pp., 29-41.
Vázquez Medel, M.A. (1991): "Hacia una estilística transtextual de la dialéctica identidad/diferencia", en Stylística. Revista Internacional de Estudios Estilísticos y Culturales, nº 1 (1991) pp. 23-33.

Fuente: Ver texto completo en POETICIDAD Y PUBLICIDAD EN JUAN RAMÓN JIMÉNEZDr. Manuel Ángel Vázquez MedelGITTCUS

http://www.cica.es/aliens/gittcus/manu99.html

11 jun 2008

Eufemismos y lenguaje político




El eufemismo es definido por la Real Academia Española como una “manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”[1], es decir, el empleo de unas palabras para expresar misma realidad que, expresada con otras, tendría un sentido negativo. Por tanto, este rasgo tiene un carácter narcotizante o sedante en la transmisión de un asunto bastante delicado hacia los ciudadanos. Así, por ejemplo, se usan palabras como limpieza étnica para encubrir el asesinato de personas con criterio a sus rasgos raciales, culturales o religiosos. Otros casos podrían ser crecimiento negativo de la economía, estancamiento poblacional, portero de fincas urbanas, efectos colaterales o conflicto bélico.

Entre los eufemismos encontramos distintos tipos. Por un lado, están los formados por sintagmas compuestos por sustantivo más adjetivo o sustantivos unidos por preposición. En esta línea cabe mencionar guerra fría, guerra electrónica, estado tapón y escala horizontal. Por otro lado, se encuentran las palabras simples que se convierten en sinónimos metonímicos; por ejemplo, baja, blanco, batería y jornada. Finalmente, encontramos las abreviaturas que cumplen la finalidad de facilitar la lectura, o bien disimular la nocividad de las palabras abreviadas. Hay que decir que la transmisión de información por vías informáticas ha producido la necesidad especial de disminuir el número de caracteres contribuyendo al desarrollo de las técnicas de abreviación.
La aproximación de Germán Moya explica con más exactitud el empleo de la técnica eufemística en el lenguaje. Así, dice que los eufemismos son términos que recurren a la metáfora dando un carácter mucho más genérico y ambiguo, de forma que vacían el contenido semántico que podríamos catalogar como nocivo de la palabra sujeta; así, la expresión políticamente correcto[2] es un eufemismo para expresar la persuasión positiva en perjuicio de la claridad negativa en las palabras usadas por los políticos. En este sentido, Moya habla del “eufemismo institucionalizado” con respecto a su uso desde las administraciones, por cuanto este eufemismo persigue una función igualitaria y no discriminatoria de algunos términos, lo que no impide que, pese a tener una finalidad en un principio positiva, conlleve una desviación y una confusión en el uso despectivo de dichas palabras malsonantes a posteriori. He aquí algunas muestras:
Desaceleración: crisis económica
Desalerelación moderada: crisis galopante con paro, hipotecas por las nubes, etc.
Traslado temporal de agua: trasvase del Ebro.
Proceso de paz: negociación con...
Soluciones habitacionales: mini pisos o infraviviendas.
Crisis alimentaria: hambre.
Huelgas a machete: huelga en las que todo vale.

Y es que el eufemismo es la mejor anestesia para camuflar la realidad y se ha convertido en todo un tahúr del idioma para no denominar a las cosas por su nombre. Los malabaristas del lenguaje han creado su propio léxico-trampa que le impide llamar al pan, pan y al vino, vino.

NOTAS:
1. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA DE LA LENGUA: Diccionario de la lengua española. Madrid: Real Academia Española, 2001.
2. MOYA HERNÁNDEZ, Germán: “El lenguaje militar. Tabú, eufemismo y disfemismo”. TONOS digital [en línea]. Murcia: Universidad de Murcia, marzo 2001, N.º 1 [ref. de 19 de junio de 2007]. Disponible en Web: .

Fuente del texto:

10 jun 2008

¡Más conocimientos gramaticales y lingüísticos!




Aído propone incluir en el diccionario la palabra 'miembra' tras utilizarla por error. La ministra de Igualdad ha expliado que la palabra 'miembra', que utilizó el lunes en el transcurso de su primera comparecencia en la Comisión de Igualdad en el Congreso de los Diputados, se utiliza en Iberoamérica y planteó incluir en el diccionario este registro. Sin embargo, este término es incorrecto y no puede tener cabida en el diccionario, según ha declarado el académico de la Lengua Gregorio Salvador.

En su comparecencia en el Parlamento, Aído se refirió a "los miembros y miembras de la comisión" y este martes, en 'Los desayunos de TVE', explicó que fue un lapsus provocado por su reciente visita a una cumbre en Latinoamérica "donde se utiliza una terminología similar", aunque añadió: "Pero no descarto que se pudiera incluir" la expresión en el diccionario.

No cree lo mismo Gregorio Salvador: "Eso sólo se le puede ocurrir a una persona carente de conocimientos gramaticales, lingüísticos y de todo tipo. Además, en España no podemos decidir sobre una lengua que se habla en muchos países". Salvador aludió también a las referencias que hizo la titular de Sanidad al 'Consejo de Ministros y de Ministras'. "La lengua es un sistema económico de expresión y el masculino vale en este caso como término neutro que sirve para masculino y femenino", manifestó.

Para este miembro de la RAE, la ministra de Igualdad "debería dejarse de bromas de mal gusto y ocuparse de resolver problemas de desigualdad preocupantes que hay en España, como las dificultades que tienen los padres en algunas comunidades para que sus hijos estudien castellano".
Fuente del texto:
http://elmundo.es/elmundo/2008/06/10/espana/1213098649.html
Fuentes de las imágenes:

8 jun 2008

Música, imagen y más palabras

Demis Roussos (On Ecrit sur les Murs)



Demis Roussos (Mourir auprès de mon amour)


Demis Roussos (Someday Somewhere)

Lo que es hoy y no es todavía

Juan Gelman

Políticamente correctos

2 jun 2008

Identidad y alteridad


Como afirma Vázquez Medel, en el marco de su teoría extendida del texto, "éste se constituye en una retícula de encrucijadas, y es captado y significa, no por su inminencia, sino precisamente por todo aquello que le transciende: desde el código verbal, audiovisual, en que queda cristalizado hasta las determinaciones genéricas que nos permiten adoptar, en relación con él, unas determinadas actitudes y unas concretas expectativas" (Vázquez Medel; 1998: 3). Pero todavía realizamos otra extensión de la noción de 'discursividad' ampliándola a la de "transdiscursividad" que, como señala Vázquez Medel, "no remite a un hecho aislado o que afecte en exclusiva a la relación entre algunos textos y discursos". Es decir "no se trata de que, por ejemplo, descubrimos en unos textos sí y en otros no la huella de otros textos que los hacen posibles o inteligibles.
Por el contrario, todo texto, por su propia naturaleza está abierto y remite a otros textos: unos previstos desde la productividad emisora, y otros postulados por esa reproductividad receptora sin la cual el texto no existe como contenido de conciencia (...). Una lectura será tanto más co-rrecta (...) cuando los discursos a que apela un discurso concreto en dicho lector más se aproximan a la interacción o transcendencia discursiva del discurso que produjo el autor. Por ello, es tan cierto que las palabras significan lo que les hacemos significar, cuando que este hacer-significar no es totalmente arbitrario, sino que está co-rregido por el texto, que de ser muy desplazado de su intentio, daría lugar a una lectura in-correcta, por más enriquecedora que sea" (Ibídem).
En este marco adquiere validez comparar a Borges y Hawthorne no sólo a partir de sus textos sino también a partir de la búsqueda de 'huellas', que nos lleva a realizar un análisis socio-histórico. De esta forma encontramos a Hawthorne escribiendo una ficción pero integrando, como antes señalábamos, aspectos de su vida disfrazados. Asimismo, el interés de Borges por Hawthorne, en otro punto de partida se puede rastrear en su primera juventud, cuando se convierte en el primer intelectual rioplatense que no sólo mira a Francia y España (actitud que tenían la mayoría de los escritores latinoamericanos), sino también al Reino Unido, Estados Unidos y Alemania. Como el propio Borges lo recuerda: "he traducido a Kafka, a Melville y a Bloy", a los que podría agregarle William Faulkner.

Fuentes: La compleja relación entre identidad y la alteridad en Borges y en Hawthorne (II), Víctor M. Silva Echeto y José Gutierrez. En: http://www.henciclopedia.org.uy/autores/VSilvaEcheto/BorgesHawthorne2.htm

Image prestada de MarisaSpaces: http://marisaspaces.blogspot.com/

10 may 2008

Música


Vier Toteninseln para barítono, piano y orquesta, está compuesta sobre los Vier Ernsten Gesänge, de Johannes Brahms, que comenta a partir de sus diversos tonos y estados de ánimo al respecto de la cuestión central de estas dos composiciones: la muerte. Nos cuenta Kalitzke que en un mundo progresivamente secularizado, la muerte como tal se ha ido desplazando del espacio central que ha tenido durante milenios como paso trascendental a una realidad espiritual. En una cultura de lo inmediato y de la divinización de la juventud como la nuestra, la muerte ha comenzado a adquirir unos perfiles borrosos; una vez perdemos la cotidianeidad de su presencia, así como el turbador pensamiento sobre la misma. Es por ello que estas Cuatro Islas de la Muerte suponen, en cierto modo, una música de carácter velado, oscuro; quizás ya no tanto por la muerte en sí, sino por la difícil reflexión que hoy nos depara este hecho, consustancial a la existencia y, al fin y al cabo, metamorfosis final de nuestros caminos vitales. Las Vier Toteninseln de Kalitzke alternan los estados de ánimo más naturales que la muerte provoca en el común de los mortales, y así nos encontramos desde los arrebatos de dolor de fuerte calado expresionista de la primera de las islas a remansos de paz y serenidad como el segundo y cuarto movimientos. En sus cuatro partes, Kalitzke toma textos de autores como Lord Byron o Cesare Pavese, junto a citas del Eclesiastés; conformando un todo palimpsestial que dota de diferentes visiones al sentimiento que genera la muerte en el hombre: desde el deseo ‘erótico’ de la misma, hasta proyecciones de corte onírico




http://www.mundoclasico.com/critica/vercritica.aspx?tipo=D&id=36ff8646-7ea5-4bb1-a29d-d4c5ca962544

25 abr 2008

¿Cambiazo de la lengua por decreto?



Javier Marías ingresará el próximo domingo en la Real Academia Española. El escritor afirma que la lengua no pede cambiarse por decreto.

El Congreso se permitió imponer oficialmente que se tuviera que decir "A Coruña" y "Girona", cuando, si se habla en castellano, lo lógico sería decir 'La Coruña' y 'Gerona'. Intentar que por decreto se diga de una manera que no es la normal, eso es intolerable, es una usurpación de atribuciones y es también algo dictatorial", asegura Marías.
En su casa de Madrid, rodeado de un sinfín de libros y de su curiosa colección de soldaditos de plomo, Marías (Madrid, 1951) adelanta las líneas generales del discurso que leerá el domingo, titulado ‘Sobre la dificultad de contar’; se confiesa "muy pesimista" ante el aluvión de incorrecciones que cometen los hablantes y se refiere a "las presiones" que recibe la Academia para "quitar o poner palabras".
El autor de ‘Corazón tan blanco’, quizá el novelista español actual de mayor prestigio internacional, cuya obra está traducida a unos 40 idiomas, está ilusionado con su ingreso en la RAE, aunque el frac que se exige para la ceremonia no parece convencerle demasiado. "Nunca me he disfrazado de eso", asegura.
En su discurso abordará "la dificultad sobre todo de contar lo acaecido, lo real, lo sucedido", y cita como ejemplo lo que se pretende hacer estos días con motivo del bicentenario del 2 de Mayo de 1808. "Yo vengo a decir que eso es prácticamente imposible". "En realidad, se podría decir que lo único que se puede contar cabalmente es lo que no ha pasado, lo que no ha ocurrido, y ésa es un poco la paradoja del discurso", afirma.
El escritor se muestra "pesimista" sobre el futuro del español y dice que el uso incorrecto de este idioma "es una marea muy difícil de parar, por no decir que es imposible pararla", un problema del cual "los medios de comunicación son en grandísima medida responsables".
Cada vez es más raro que la gente domine la lengua, que la tengan asida. Y no me refiero a personas de poca cultura, que a veces hablan con más propiedad que los ministros". "El otro día oí a una ministra recién nombrada decir lo siguiente: 'Estoy muy contenta de asumir este reto en primera persona'", señala.
¿Pero cómo que va a asumir algo en primera persona? No va a ser en tercera…”, se extraña Marías, para recordar que "las cosas se viven en persona; en primera persona se cuenta algo, se relata". "Y esto en un político. Por favor, vaya usted a su casa y aprenda a hablar antes de ser ministra y antes de ser casi nada", añade.
Otro ejemplo reciente, esta vez de la televisión: en una serie española el escritor escuchó la expresión "entonces, no esperamos por ellos", en vez de "no los esperamos", y afirma que la primera es una traducción literal del inglés "to wait for them". "Los vicios de las traducciones malas se incorporan ya a la propia creación".
El autor de ‘Todas las almas’ se refiere también a "otro peligro" que le preocupa: "La tendencia por parte de diferentes colectivos a querer cambiar la lengua por decreto", entre ellos "los grupos feministas" que ejercen "una gran presión para que se metan palabras en el Diccionario de la Academia" o para que se saquen de él.
La Academia de la Lengua "simplemente registra lo que se dice en la calle", y las palabras se incorporan al Diccionario cuando su uso está comprobado "y tienen ya carta de naturaleza", recuerda el novelista. Entre los términos que las feministas desearían ver fuera del Diccionario, Marías cita "uno de los sentidos de 'mujer pública', cuando equivale a 'prostituta". "Eso les molesta mucho, pero en la lengua ha tenido ese sentido, aunque es injusto porque 'hombre público' no tiene nada que ver con la prostitución".
"Se puede intentar que se use menos, pero querer quitarla del Diccionario es intolerable, algo propio de los dictadores", subraya Marías, para aludir a continuación a los colectivos que pretenden la supresión de palabras que puedan sonar a antirracistas, como "judiada".
Esa palabra, "antipática en sí misma, ha existido y debe figurar en el Diccionario, aunque ahora no se emplee apenas", como tampoco se utiliza mucho "fardar", un término que Marías decía de niño y que defiende a capa y espada.
El ámbito del habla es uno de los más libres que existe, junto con el del pensamiento, y nunca se debe imponer nada", asegura.
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14 abr 2008

¿Quién asesora al Parlamento de Andalucía?


¿Quiénes serán los miembros ("y miembras") que componen el comité de Lenguaje no sexista que asesora al Parlamento de Andalucía? Ocultos en el anonimato y descubriendo su desconocimiento del español hacen las siguientes recomendaciones (El Boletín Oficial del Parlamento de Andalucía núm. 734, el día 8 de octubre de 2007).

1. Desdobles
Una de las opciones para que la presencia femenina se concrete en los textos o documentos es el desdoble de los sustantivos en singular. Este desdoble no ha de extenderse a los artículos y adjetivos que los acompañan, por ser redundante: se aplicarán las reglas generales de la concordancia y tales palabras deberán aparecer en masculino. Puede también recurrirse a sustituir el adjetivo por algún calificativo invariable que complemente a los dos sustantivos –por ejemplo, «hábil» en lugar de «habilidoso y habilidosa »–, pero esto sólo resulta posible en contadas ocasiones.
Razones también de concordancia hacen que se prefiera el orden masculino-femenino, pues si, en principio, respetando el orden alfabético, podría ser el femenino el primero en aparecer en el desdoble, o incluso cabe la posibilidad de alternar en el orden, se plantean algunas dificultades, ya que el determinante debería adoptar el género del sustantivo más cercano, es decir, el femenino, y no se seguirían las reglas generales de la concordancia. En efecto, siempre que el sintagma va acompañado por algún adjetivo calificativo, o bien en los casos en que tales adjetivos actúen como atributos o predicativos, o en oraciones pasivas, podrían plantearse casos de ambigüedad y entender que el adjetivo sólo modifica al último. Por ejemplo, si se optara por «La Presidenta o Presidente electo prestará y solicitará de los demás Diputados el juramento o la promesa de acatar la Constitución y el Estatuto de Autonomía...», puede crearse la confusión y pensar que «electo» sólo se refiere a «Presidente», además de que parece algo incoherente que en un único sintagma el artículo aparezca con el género femenino y el adjetivo con el masculino.
Otra aclaración que queda por realizar sobre este punto es la aparición, en el desdoble, de un solo determinante. En la mayor parte de los casos, el sintagma que se emplea presenta la siguiente estructura: sustantivo masculino singular + conjunción disyuntiva «o» + sustantivo femenino singular –«el andaluz o andaluza»–, pues ambos nombres, realmente, se refieren a una misma persona –puede ser un hombre o una mujer, indistintamente–. Una excepción a ello se produce, precisamente, en los sustantivos de una sola terminación, como «participante», «solicitante», «portavoz», «adquirente», «vocal», «compareciente», «representante»... Varias son las soluciones que se pueden dar a estos casos.
Una de ellas es la de sustituir el sustantivo invariable por otro en que el cambio de sufijo sirva para indicar el género –ej.: «el rival o la rival» puede sustituirse por «el adversario o adversaria», «el intérprete o la intérprete» puede sustituirse por «el traductor o traductora»–, o bien por un sustantivo común –«miembro», «persona»– acompañado, si es preciso, de un complemento preposicional –«miembro de la Camara»– u oracional –«la persona que comparezca»–. Una variante de esta posibilidad es utilizar el sustantivo desdoblado seguido del sustantivo invariable como adjetivo –«un alumno o alumna representante», en lugar de «un representante o una representante»; «el médico o médica forense» en lugar de «el forense o la forense»–. Cuando ninguna de estas opciones sea posible, deberá realizarse el desdoble con los dos determinantes, para así poder distinguir la forma masculina de la femenina –«el participante o la participante»–. El desdoble en los sustantivos obliga necesariamente a desdoblar los pronombres demostrativos. –ej.: «La Mesa se reunirá a convocatoria del Presidente o Presidenta y estará asesorada por el Letrado o Letrada Mayor, quien redactará el acta de las sesiones y cuidará, bajo la dirección de aquel o aquella...»–. No obstante, por razones estilísticas, es recomendable evitarlos.
Hay detractores del uso reiterado del desdoble, para los que tal procedimiento no hace sino alargar en demasía algunos textos, con lo que éstos pierden fluidez y puede llegar, incluso, a perderse el hilo discursivo. El mensaje se hace pesado y repetitivo, además de atentar contra uno de los principios básicos del lenguaje: la economía. Quienes así opinan consideran, además, que, puesto que, en español, el género masculino es el género no marcado –puede utilizarse con valor específico, significando el sexo masculino, o genérico, significando la clase o categoría, tanto si empleamos el sustantivo en singular como si lo usamos en plural, y más, incluso, en este último caso–, no se hace sino un uso correcto al emplear el sustantivo en masculino para abarcar ambos géneros.
Con todo, cuando se desee mostrar lingüísticamente la presencia femenina en igualdad de condiciones con la masculina, es preciso sacrificar la economía. A este fin, el desdoble se manifiesta, realmente, como un procedimiento muy adecuado, particularmente en los textos jurídicos, puesto que el principio de seguridad jurídica impide sustituir determinados términos por otros más genéricos que pudieran dar lugar a ambigüedad o inconcreción. En cualquier caso, si el argumento esgrimido por quienes prefieren no utilizar el masculino genérico es que es recomendable evitar en cualquier circunstancia el ya citado «salto semántico», se observa que al menos las disposiciones de carácter general no suelen plantear problemas en ese sentido, pues la mayoría de las referencias se hacen a clases o categorías, no a personas en concreto, tanto cuando los sustantivos aparecen en singular como cuando aparecen en plural. A pesar de ello, si por razones estilísticas no se viera recomendable el uso de desdobles –el texto resultante podría llegar a ser muy farragoso–, se mantendrá el masculino plural como genérico.
2. Utilización de sustantivos genéricos o colectivos
En nuestra lengua existe un buen número de sustantivos, individuales y colectivos, que, con independencia de su género, hacen referencia tanto a hombres como a mujeres. Son los casos, por ejemplo, de «persona», «miembro», «asamblea», «grupo»... Su empleo hace perder precisión a la oración en que se insertan, pues su significado será siempre más amplio e indeterminado que el de los sustantivos que se pretenden sustituir.
Para poder hacer uso de ellos se ha de acotar su significado, acompañándolos con algún complemento adjetival –«el personal funcionario»–, preposicional –«un miembro de cada curso en representación del mismo»– u oracional –«las personas que soliciten»– que especifique su contenido, aunque en ocasiones sea necesario, en aras de la exactitud, alterar un poco el orden de la oración.
3. Empleo de perífrasis
Se define como «perífrasis» cualquier giro, expresión o conjunto de palabras empleadas para expresar algo que puede decirse de un modo más conciso –el caso de «personas interesadas» por «interesados»–. Con tales circunloquios pueden evitarse participios en masculino –«para su elección», en lugar de «para ser elegido»– que podrían resultar demasiado marcados.
Se pueden emplear también perífrasis, con la intención generalmente de evitar desdobles, en las fórmulas de remisión, empleadas con cierta frecuencia en los textos normativos, siempre que no den lugar a ambigüedades ni confusiones.
4. Construcciones metonímicas. Nombres abstractos de acciones o cualidades
La metonimia es un tropo que consiste en designar una realidad con el nombre de otra, tomando el efecto por la causa o viceversa, el autor por sus obras, el signo por la cosa significada, etcétera.
Para evitar el masculino genérico, se puede, en determinadas circunstancias, utilizar dicho tropo y aludir, por ejemplo, al nombre del órgano, puesto, profesión u oficio que se posee en el lugar del titular del mismo o la persona que lo desempeña. Se ofrece así la posibilidad de evitar muchos desdobles –«la Presidencia» por «el Presidente o Presidenta» «Jefatura» por «Jefe o Jefa», «abogacía» por «abogado o abogada»–. Sin embargo, tales nombres abstractos no son sinónimos de aquellos otros que se intenta evitar, sin perjuicio de que a veces se utilicen como tales, por lo que este recurso ha de emplearse con sumo cuidado.
También resulta factible la posibilidad de emplear nombres abstractos de acciones o cualidades –en lugar de «hará constar el autor o autora de la iniciativa» puede emplearse «hará constar la autoría de la iniciativa», o, en lugar de «habrán de proponer sus candidatos», «habrán de proponer sus candidaturas»–.

5. Uso de pronombres sin marca de género
Un modo de evitar la marca masculina en el pronombre relativo «que» precedido por «el», «los», «aquel» o «aquellos», así como en otras oraciones relativas –«los aspirantes que no fueran admitidos»–, es sustituir dichas formas por las invariables «quien» y «quienes» cuando se refieran a un sustantivo de persona –«quienes no fueran admitidos»–. Es un recurso que puede manejarse con bastante frecuencia siempre que el antecedente quede perfectamente definido y no dé lugar a confusión. Evidentemente, los términos que lo complementen, como el participio del ejemplo anterior, han de aparecer, siguiendo las reglas generales de la concordancia, en masculino.
Con estas expresiones se evitan también algunos sustantivos en masculino procedentes de participios de presente, con una sola terminación y, por tanto, problemáticos para ser desdoblados –«quien la haya solicitado» por «el solicitante»–, y de pasado –«quienes resulten elegidos» por «los elegidos»–.

6. Omisión del sujeto. Utilización de estructuras con impersonal, formas de pasiva y formas no personales del verbo
Ya se ha comentado cómo la particular necesidad de precisión y exactitud de los textos jurídicos impone una estructura oracional bastante cerrada. Por eso, en dichos textos el sujeto no se ha de omitir: cada artículo y cada apartado deben tener sentido completo. Sí cabría la posibilidad de realizar dicha supresión dentro de un mismo párrafo, o bien cuando el contexto haga referencia de un modo claro a la persona o personas de las que se habla. Por ejemplo:

«Ningún Diputado podrá hablar sin haber pedido y obtenido del Presidente la palabra. Si un Diputado al ser llamado por la Presidencia no se encuentra presente...» (art. 76.1, RPA)
«Ningún Diputado o Diputada podrá hablar sin haber pedido y obtenido la palabra. Si [...] al ser llamado por la Presidencia no se encuentra presente...»


En algunas ocasiones sí es posible prescindir de la referencia directa al sujeto recurriendo al «se» impersonal o a formas de pasiva. Puesto que en estos casos el agente de la acción queda oculto, sólo se omitirá en los supuestos en que dicho agente quede explicitado de algún otro modo, normalmente porque ha sido reseñado con anterioridad y su referencia queda muy cercana. Por ejemplo:
«Los derechos y prerrogativas serán efectivos desde el momento mismo en que el Diputado sea proclamado electo. Sin embargo, celebradas tres sesiones plenarias sin que el Diputado adquiera la condición de tal...» (art. 5.1, RPA)
«Cuando el usuario solicite la devolución, deberá adjuntar la fotocopia de la licencia. Si el usuario no la solicitara…»
«Los derechos y prerrogativas serán efectivos desde el momento mismo en que el Diputado o Diputada sea proclamado electo. Sin embargo, celebradas tres sesiones plenarias sin que se adquiera la condición de tal...»
«Cuando el usuario o usuaria solicite la devolución, deberá adjuntar la fotocopia de la licencia. Si no se solicitara…»


Otra forma de evitar la alusión al sujeto consiste en emplear las formas no personales del verbo de modo absoluto, que será posible siempre que quede explícito de alguna otra forma. Por ejemplo:
«Cuando, a juicio de la Presidencia, en el desarrollo de los debates se hicieran alusiones que implicasen juicios de valor o inexactitudes sobre la persona o conducta de un Diputado, podrá concederse al aludido el uso de la palabra por tiempo no superior a tres minutos, para que, sin entrar en el fondo del asunto en debate, conteste estrictamente a las alusiones realizadas. Si el Diputado excediera estos límites...».

«Cuando, a juicio de la Presidencia, en el desarrollo de los debates se hicieran alusiones que implicasen juicios de valor o inexactitudes sobre la persona o conducta de un Diputado o Diputada, podrá concederse a la persona aludida el uso de la palabra por tiempo no superior a tres minutos, para que, sin entrar en el fondo del asunto en debate, conteste estrictamente a las alusiones realizadas. De exceder estos límites...»

7. Empleo de determinantes sin marca de género
El uso del posesivo de tercera persona en lugar del artículo es también una posibilidad utilizada en los casos en que el sustantivo tiene una sola terminación. Se evitan así algunos desdobles, que, además, exigirían el empleo del artículo en ambas formas. Por ejemplo:
«Son causas de pérdida de la condición de Diputado:
1.º La anulación de la elección o de la proclamación del Diputado mediante sentencia judicial firme.» (art. 19, RPA)
«Son causas de pérdida de la condición de Diputado o Diputada:
1.º La anulación de su elección o de su proclamación mediante sentencia judicial firme.»
Así se evita también el adjetivo sustantivado «mismo» con sentido anafórico, cuyo uso no es recomendable, pues siempre es posible sustituirlo por un demostrativo, un posesivo o un pronombre personal.
Otra forma de evitar el abuso del masculino consiste en emplear, junto a sustantivos de una sola terminación, determinantes sin marca de género, como, por ejemplo, «cada» o «cualquier» –«ej.: cada participante»–.

8. Otros recursos
También es posible eliminar alusiones sexistas en un texto acompañando al sustantivo de persona en plural de alguna aposición explicativa que clarifique que el masculino está utilizado de modo genérico, impidiendo, de ese modo, otra interpretación. No es más que una variante del desdoble, en la que al sintagma nominal se une una complementación entre comas donde queda explícita la dualidad de sexos. Es el caso de «los trabajadores, tanto mujeres como hombres...».
Otra variante del desdoble, la barra –señor/a–, puede ser solución viable únicamente en impresos, formularios o documentos análogos, ya que el resultado que se obtiene con ello no es luego fácilmente legible. De cualquier modo, cuando la alternancia de género no se señala con el cambio del sufijo –o/-a, sino con sufijos o incluso palabras diferentes, han de aparecer ambos términos separados por la barra –actor/actriz, varón/hembra–. (VÉASE LA PÁGINA 30, PRIMERA COLUMNA DEL BOLETIN OFICIAL)

Firma: La Presidenta del Comité, María del Mar Moreno Ruiz

11 abr 2008

¿Tienen sexo las palabras o, simplemente, género?



¡Ni vascos y vascas, ni diputados y diputadas! El nuevo Congreso se enfrenta a una moción para cambiar su nombre para evitar el masculino.

¿El hecho de que un término sea masculino o femenino depende de su evolución dentro de una cultura en la que, hasta hace poco, las mujeres eran invisibles o, por el contrario, depende de una serie de reglas gramaticales ajenas a toda ideología? ¿Se refiere también a las vascas el plural "vascos" o es necesario citar ambas formas como hace, incansable, el lehendakari Ibarretxe? ¿Están incluidas las diputadas en el nombre actual del Congreso de los Diputados? La gramática dice que sí, pero los lingüistas no acaban de ponerse de acuerdo. Y la polémica sobre el posible sexismo del lenguaje arrecia. ¿Una nueva batalla contra la discriminación o el enésimo artificio políticamente correcto?

En diciembre de 1978 murió Golda Meir y a más de uno le escandalizó que se hablara de ella como ex primera ministra israelí. Y eso a pesar de que la Real Academia Española había aceptado ya el femenino de ministro. Por no hablar de que, en 1925, Rafael Alberti había llamado a la luna "presidenta de la noche". Con el acceso de las mujeres a profesiones tradicionalmente ejercidas por los hombres han llegado las dudas sobre si la corrección política puede convivir con la gramatical. Es decir, si, en el camino de arquitectas, juezas y abogadas, Angela Merkel será algún día cancillera alemana o Soraya Sáenz de Santamaría, portavoza del PP.

El nombre de las profesiones es uno de los mayores campos de batalla contra el posible sexismo. El otro, y tal vez el más ruidoso, es el desdoblamiento de masculino y femenino -el compañeros y compañeras de Llamazares o el citado vascos y vascas de Ibarretxe-, llamativo por su uso fundamentalmente público y porque rompe una de las reglas más simples del lenguaje, clásica y muy anterior al SMS, la economía: decir todo lo posible con el menor número de palabras posible. Algo que, entre otras cosas y sexos aparte, hace que en ciertos contextos la palabra día incluya también a la noche.

La gramática española recuerda que en las lenguas románicas el masculino es el llamado género no marcado, es decir, que abarca a individuos de los dos sexos. Sirve para los seres humanos, claro, pero también para los animales. Cuando alguien dice que el oso es una especie en peligro de extinción incluye tanto a machos como a hembras.

Para Ignacio Bosque, miembro de la RAE, el desdoblamiento es un artificio que distancia aún más el lenguaje de los políticos del lenguaje común. "Si uno habla del nivel de vida de los españoles, es absurdo añadir 'de las españolas'. Suena incluso ridículo", apunta. "Si yo le pregunto a alguien cómo están sus hijos se entiende que también le pregunto por sus hijas. No creo que sea discriminatorio". Bosque es ponente de la comisión que trabaja en la nueva gramática, que estará lista en dos años. La anterior era de 1931 y el esbozo para la renovación, de 1973. El académico insiste en que lo que algunos consideran el "ladrillo simbólico" del patriarcado no responde más que a una simple regla gramatical. La misma que funciona cuando se coordinan un sustantivo masculino y uno femenino. En "Juan y María han ido juntos", "juntos" es un masculino plural: "Así es el idioma, no hay otra forma de decirlo". El lingüista sostiene que incluso los políticos son conscientes de que la doble forma es artificial: "Cuando no tienen delante un micrófono hablan como todo el mundo". Incluso hablando en público los políticos se relajan. Al final del último Consejo de Ministros, la vicepresidenta del Gobierno aseguró, a vueltas con la sequía en Barcelona, que al final habría agua para todos "los barceloneses y las barcelonesas". Acto seguido añadió que en el mismo caso estarían los valencianos, los murcianos y los andaluces. Esta vez, sólo en masculino plural. "Quienes proponen el desdoblamiento se dan cuenta de que no pueden mantenerlo a ultranza", insiste Bosque.

Mercedes Bengoechea, decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alcalá de Henares y estudiosa del sexismo en el lenguaje, está de acuerdo con su colega académico: usar el masculino y el femenino sistemáticamente es insostenible. Pero matiza: "Lo importante es que quede en la referencia personal, en los sustantivos". Además, recuerda que el desdoblamiento no es un invento nuevo. Está en el Cantar de Mío Cid, en el Libro de buen amor y en el romancero: "Allí se habla de hombres y mujeres, moros y moras... Es un recurso de la oralidad, es cierto, pero ahí está. Se encuentra hasta después de Cervantes, pero cuando aparecen las academias se crea una norma androcéntrica".

La Real Academia Española se fundó en 1713 y la primera mujer en ingresar en ella, la escritora Carmen Conde, lo hizo en 1978. De los 40 académicos actuales, sólo tres son mujeres. La novelista Ana María Matute, la científica Margarita Salas y la historiadora Carmen Iglesias. Con todo, Bengoechea no cree que el sexismo sea voluntario. Y ése es, en su opinión, el problema. "Ya sé que cuando alguien dice 'telespectadores' no tiene intención sexista", dice. "Es una herencia cultural. Como los toros. También heredamos palabras. Yo misma dejé de usar 'minusválido' porque dos alumnos me dijeron que, como afectados, les sonaba fatal. Preferían 'discapacitado'. Alguien tiene que abrirte los ojos".

Una de las salidas a la polémica del desdoblamiento es el uso de sustantivos colectivos -decir magistratura o justicia en lugar de jueces y juezas- y nombrar las instituciones según la actividad y no según el sexo -Colegio de la abogacía en lugar de Colegio de abogados-. Ignacio Bosque, que recuerda que la nueva gramática limita el desdoblamiento a situaciones en las que su ausencia podría ser malinterpretada -como en el caso de "los españoles y las españolas pueden servir en el Ejército"-, recuerda también que el uso de sustantivos colectivos no siempre funciona. El alumnado es, sí, el conjunto de los alumnos, pero "el conjunto de los enfermos no es la enfermería, ni el conjunto de los médicos es la medicina, ni el conjunto de los periodistas es el periodismo".

Con todo, el lenguaje político y legal ha sido el más vigilante ante el posible sexismo, aunque los legisladores siguen demorando la respuesta a la demanda de quienes piden que se reforme el artículo 14 de la Constitución, el que dice que todos los españoles son iguales ante la ley. ¿Están también las españolas en ese masculino plural? La gramática, ya vimos, dice que sí. Algunas teorías, que no. Entretanto, el Congreso corrigió en noviembre de 2006 los términos considerados sexistas en el nuevo estatuto andaluz. Se añadió "andaluzas" "pueblo andaluz" y "ciudadanía andaluza" donde sólo decía "andaluces". También se añadieron "funcionarias" y "ciudadanas". Todo ello haciendo caso omiso a un informe encargado a la RAE por el Parlamento sevillano.

En ocasiones, el colectivo es una solución fácil, como cuando la Ley de Soldados y Marineros se transformó en Ley de Tropa y Marinería. En otras, la manera de dar con una buena respuesta consiste en eliminar la pregunta. En noviembre de 2004 Convergència i Unió presentó una proposición no de ley para pedir que la futura reforma de la Constitución incluyera que el Congreso lo sea a secas y deje de ser sólo de los Diputados. "El plural masculino es gramaticalmente correcto, pero hace invisibles a las mujeres", afirmó en el debate la convergente Mercé Pigem. Reelegida el pasado 9 de marzo para una Cámara en la que, pese a la Ley de Igualdad, en esta legislatura habrá una mujer menos que en la anterior, la parlamentaria recuerda que se trataba de que "el nombre del Congreso no deje fuera a casi la mitad [menos del 36% en realidad] de sus miembros". Izquierda Unida llegó a plantear incluso que se denominara Congreso de los Diputados y de las Diputadas.

Finalmente, la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer y la Igualdad de Oportunidades, formada por 38 mujeres y dos hombres, aprobó la propuesta catalana por unanimidad. La votación, con todo, no era vinculante y su puesta en práctica está supeditada a que la actualización de la Carta Magna vaya más allá de lo propuesto por el propio Gobierno, fundamentalmente reformar el Senado y terminar con la discriminación de la mujer en la sucesión real. "El PSOE se comprometió", afirma Pigem, "pero hay que seguir vigilantes". La legislatura que ahora comienza dirá. Aunque no parece claro que la Constitución vaya a tocarse demasiado, sigue en el aire una medida que a pioneras como Clara Campoamor o Victoria Kent, parlamentarias en los años treinta, les habría resultado de un futurismo intrépido, muy posible pero poco probable. Ellas se llamaban a sí mismas "diputado".

Aun así, el interés de las Cortes está por eliminar en lo posible el lenguaje sexista, siguiendo una sensibilidad cada vez más extendida en la Administración. En 1999 el Ayuntamiento de Madrid decretó que cuando se mencionaran en sus documentos puestos ocupados por personas concretas, se utilizara "el género masculino o femenino que a la persona concreta corresponda". También había decidido modificar sus formularios para evitar formas como "el titular", "el firmante" o "el que suscribe". También los diccionarios han cambiado. En las definiciones se tiende cada vez más a usar "persona que" en lugar del tradicional "el que". "En el fondo, los académicos no están tan en desacuerdo", apunta Mercedes Bengoechea, que recuerda que la publicidad ha empezado también a evitar fórmulas sexistas: "Nos hace visibles para que compremos más, pero es un síntoma". La filóloga, que es una de las impulsoras de Nombra.en.red, una base de datos del Instituto de la Mujer con alternativas para evitar el sexismo, afirma que buena parte de nuestro sentido de la corrección tiene que ver con la costumbre: "Hace 14 años un novelista español dijo que jamás se extendería la forma 'presidenta'. Y hoy la sociedad lo dice con naturalidad. Lo que suena raro es oír 'la presidente'. Si desde que fue elegida se hubiera llamado 'cancillera' a Angela Merkel nos sonaría normal. Pero me temo que ya no se va a feminizar. Ya lo hemos oído mucho".

Ignacio Bosque, sin embargo, recuerda que "canciller" es un nombre común (es decir, masculino y femenino a la vez) en cuanto al género, como otros terminados en -er (ujier, sumiller). Y no se desdobla: "Tiene que ver con paradigmas morfológicos. Estas cosas no son gratuitas. Cuando la Academia propone una solución es porque la ha pensado. Hay que fijarse en un paradigma completo. Existen razones puramente gramaticales para que las cosas sean así".
También son comunes sustantivos acabados en -ista como "pianista" o "artista". Otros, como "modista", también lo son, aunque "modisto" esté cada vez más extendido. Siempre hay casos particulares. En España se dice "clienta", algo que en América es muy raro. La nueva gramática, insisten los académicos, no impondrá una forma. Sólo explicará el uso que hacen los hablantes. Por ejemplo, que jueza está generalizado en Argentina, Costa Rica y Venezuela, pero no en México ni en España. Aunque, paradojas de la lentitud, tal vez lo esté cuando se publique la nueva norma. La política de la RAE es no imponer términos cuyo uso no se ha extendido. Es lo que sucede con "matrimonio", todavía no recogido en el diccionario académico como "unión legal de dos personas del mismo o de distinto sexo": "Si se reúne suficiente documentación de este uso nuevo, tendrá que estar", afirma el profesor Bosque. "La Academia refleja el uso que los hablantes hacen del idioma, no el que los políticos dicen que debe hacerse. Y es evidente que en la lengua común el desdoblamiento, por ejemplo, no se usa porque no hace ninguna falta".

Para quienes vigilan el supuesto sexismo lingüístico, las razones puramente gramaticales no son tan puras. Están, dicen, cargadas de ideología. Ésa es la base del problema y ahí la sintonía parece imposible. Todo el mundo está de acuerdo en que las lenguas no son el resultado de actos conscientes de los hablantes. Pero hay quien sostiene que esa inconsciencia está llena de prejuicios. Para aquéllos, las convenciones lingüísticas no son un reflejo directo de la sociedad. Para éstos, no hay otro más directo: "Se dice que la sintaxis son reglas inocentes y sin ideología porque se ha olvidado la sociedad y la historia que creaba esas reglas patriarcales", recuerda Mercedes Bengoechea. "Quedan restos de su origen. Una lengua nativa norteamericana, por ejemplo, habla de 'pájaros, fuego, mujeres y otros animales peligrosos'. Es curioso que entrasen en la misma categoría. El uso del masculino es una regla gramatical, sí, pero no ajena a la realidad. La lucha de los defensores de la neutralidad del lenguaje también es ideológica, como la nuestra, pero ellos no lo reconocen".
Bosque, en efecto, no comparte las razones extralingüísticas. "Existe discriminación, pero no en el lenguaje, en la vida: laboral y social. Ésa es la verdadera discriminación de las mujeres. La lingüística es falsa". Ambos filólogos coinciden, no obstante, en que los posibles cambios, sean los que sean, tendrán que venir de un uso mayoritario. "Yo evito el lenguaje sexista en lo posible, pero, como decana, por ejemplo, no impongo nada en los asuntos de mi facultad. Debe ser algo natural. También yo hace 20 años pensaba de otra manera", dice Bengoechea. No valen las imposiciones. Las palabras serán de quien sea, rezaba la vieja sentencia africana, pero la canción es nuestra.


Fuentes del texto:JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS 10/04/2008, en El País:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/vascos/vascas/diputados/diputadas/elpepisoc/20080410

2 mar 2008

Lenguaje sexista (Francisco Dancausa)


Anda el patio feminista revuelto con eso que han dado en llamar el sexismo del lenguaje; hasta tal punto que desde la ciudad de los puentes políticamente correctos --por si alguien no había caído en el eufemismo, se trata de Córdoba-- le han pegado una pedrada al latín por machista y hasta esclavista de mujeres. Y eso que la lengua que ha embridado nuestra cultura anda relegada de los planes de estudio, quizá porque refleja como ninguna otra la prolija cosmovisión humanista en la que están anclados los valores éticos permanentes de nuestra civilización. Y es posible que estos bálsamos que destila el latín con aroma a amistad; a moderación, equilibrio y sentido práctico; a otium cun dignitatem (ocio con dignidad) frente al negotium perambulans in tenebris (ocupación que vaga en la oscuridad); a pietas como virtud que hace a las personas respetuosas y diligentes con sus deberes; a patriotismo y amor a las tradiciones; a la gran familia de la latinidad; y, por qué no decirlo, a cristianismo; y hasta a occidentalismo; a algunos les puedan resultar mefíticos. Y es que ya se sabe, aquí todo lo que huela a tiempos pasados, sean buenos o malos, se le aplica el Delenda est CartagoCartago debe ser destruida!). No obstante, el latín sigue impertérrito y hasta se está poniendo de moda en el mundo cristiano. No así el castellano, que por sonar ya de por sí a testosterona, cierta ojeriza feminista trata de convertirlo a base de mamporras en una especia de drag queen del carnaval de lo políticamente correcto; por supuesto, añadiéndole todo tipo de postizos sexistas tales como marida, jóvena, lideresa, ponenta o miembras , entre otras jerigonzas. Por lo que, llegados a este extremo, un servidor --como el del chiste-- sólo pide una cosa: "
¡Virgencita, virgencita! Que me quede como estoy, pues ni columnisto ni articulisto quiero ser y menos escribir columnos".

Fuente: 13/02/2008 FRANCISCO Dancausa


19 feb 2008

Los políticos y el lenguaje no sexista (Andalucía)


Bicheando por internet, encuentro que el Área de Derecho Constitucional de la Universidad de Málaga se hace eco de unos criterio para evitar el uso sexista del lenguaje. El objetivo de esta joya lingüística es aplicarla en los escritos y documentos oficiales de los órganos y servicios del Parlamento de Andalucía (Acuerdo de la Mesa del Parlamento de Andalucía en sesión celebrada el día 12 de diciembre de 2007. Publicado en Boletín Oficial del Parlamento de Andalucía núm. 781, 17 de diciembre de 2007, pp. 42155-7. Expediente 7-07/AEA-000149).

¡A ver quién se atreve a NO utilizar estos criterios! Porque la norma entrará en vigor el 1 de marzo de 2008.

Artículo 1. Eliminación del uso sexista del lenguaje en los escritos y documentos oficiales del Parlamento de Andalucía.
En los distintos escritos y documentos oficiales del Parlamento de Andalucía se evitará el uso sexista del lenguaje, a cuyo efecto deberán utilizarse los recursos lingüísticos y normas de uso contemplados en este Acuerdo, según el procedimiento establecido en el mismo.

Artículo 2. Acuerdos parlamentarios.
1. Los acuerdos y resoluciones de los órganos parlamentarios que deban ser objeto de publicación oficial en los que no conste, durante su tramitación previa, la aplicación de criterios para evitar el uso sexista del lenguaje serán objeto de revisión por el personal que desarrolle las funciones de corrección de textos, asistido, en su caso, por los Servicios Jurídicos de la Cámara, con arreglo a lo previsto en el presente Acuerdo.
2. No obstante lo anterior, cuando una iniciativa parlamentaria hubiera usado con la misma finalidad recursos lingüísticos no coincidentes en su totalidad con los previstos en el artículo 5, el acuerdo o resolución parlamentaria correspondiente que resulte deberá formalizarse de modo congruente con los utilizados.
3. Lo dispuesto en los apartados anteriores no podrá suponer en ningún caso menoscabo de los derechos y garantías contemplados en el Reglamento del Parlamento de Andalucía.

Artículo 3. Resoluciones administrativas.
En las resoluciones adoptadas por los órganos y servicios que integran la Administración parlamentaria se evitará el sexismo lingüístico utilizando los recursos lingüísticos y normas de uso contemplados en este Acuerdo. Dicha aplicación corresponderá al órgano o servicio de que se trate, asistido, en su caso, por el personal que desarrolle las funciones de corrección de textos y por los Servicios Jurídicos de la Cámara.

Artículo 4. Modelos adaptados.
Para facilitar a todo el personal afectado el cumplimiento de este Acuerdo, la Administración parlamentaria establecerá modelos y sistemas normalizados de iniciativas y actuaciones que deban documentarse adecuados a los recursos lingüísticos y normas de uso contenidos en el mismo.

Artículo 5. Recursos para evitar el lenguaje sexista.
Al objeto de evitar el uso sexista del lenguaje en los escritos y documentos oficiales de los órganos y servicios del Parlamento de Andalucía, podrán utilizarse los recursos léxico-semánticos y morfo-sintácticos que se especifican en los apartados siguientes.

Desdobles
a) En caso de recurrirse al desdoble, se procurará limitar éste únicamente a los sustantivos singulares y se utilizará el masculino plural como genérico.
b) En el orden del desdoble se dará prioridad al sustantivo masculino sobre el femenino, al menos cuando vaya acompañado por un adjetivo que lo complemente, a fin de evitar posibles ambigüedades.
Ejs.: «el Presidente o Presidenta electo», «el vecino o vecina afectado».
c) El desdoble no deberá extenderse a los determinantes y adjetivos que acompañen a los sustantivos.
Ejs.: «el candidato o candidata propuesto», no «el candidato propuesto o la candidata propuesta»; «el funcionario o funcionaria designado», no «el funcionario designado o la funcionaria designada».
d) Cuando el desdoble se realice mediante la conjunción “o” para hacer referencia indistintamente al género masculino o femenino, el segundo sustantivo irá sin determinante.
Ejs.:«el Diputado o Diputada», «el trabajador o trabajadora».
e) No obstante, en los sustantivos invariables sí se desdoblará el determinante, salvo que éste pueda omitirse o sustituirse por otro sin marca de género. También podrá optarse por utilizar un sustantivo variable desdoblado seguido del sustantivo invariable como adjetivo.
Ejs.: «el representante o la representante», «cada representante», «el alumno o alumna representante».
f) Los adjetivos que acompañen a los sustantivos desdoblados deberán aparecer en masculino siguiendo las reglas generales de la concordancia. No obstante, siempre que sea posible, se procurará la utilización de adjetivos invariables.
Ejs.: «el profesor o profesora encargado», «el trabajador o trabajadora hábil» en lugar de «el trabajador o trabajadora habilidoso».

2. Perífrasis
– Cuando la redacción del texto lo permita, se podrán utilizar perífrasis con el objeto de evitar desdobles.
Ejs.: «la persona titular de la Consejería», en lugar de «el Consejero o Consejera», «terceras personas», en lugar de «terceros o terceras».

3. Sustantivos genéricos o colectivos
– Podrán utilizarse sustantivos genéricos –«persona», «miembro »…– o colectivos –«ciudadanía», «juventud»…–, siempre que sea posible, en lugar del masculino genérico. En el caso en que el empleo de dichos sustantivos exija acotar su significado, éstos se acompañarán de algún complemento adjetival, preposicional u oracional que especifique su contenido.
Ejs.: «el personal funcionario», «los miembros de la Cámara», «las personas que soliciten».

4. Construcciones metonímicas
a) Podrán utilizarse construcciones metonímicas para aludir al órgano, puesto, profesión u oficio en sustitución del nombre de la persona que lo ocupe o ejerza.
Ejs.: «Presidencia» en lugar de «Presidente o Presidenta», «Jefatura» en lugar de «Jefe o Jefa», «Abogacía» en lugar de «abogado o abogada».
No obstante, si lo anterior no es posible, bien porque se quiera hacer referencia directa al titular del órgano, a la persona que ocupe el puesto o a quien ejerza la profesión u oficio en cuestión, bien porque el texto pudiera resultar ambiguo, deberá desdoblarse el sustantivo o recurrirse a fórmulas no marcadas.
Ejs.: «Quien supla al Presidente o Presidenta…», «Las personas titulares de las Vicepresidencias y de las Consejerías cesan…».
b) En documentos cerrados –actos de carácter singular o administrativos, resoluciones, notificaciones, etcétera–, siempre se citará el cargo o puesto de la persona que los firme o a la que vayan dirigidos en su correspondiente género femenino o masculino, en función de la persona que lo esté desempeñando en cada momento.
c) Siempre que sea posible, se podrán emplear nombres abstractos de acciones o cualidades.
Ejs:«autoría de la iniciativa» en lugar de «autor de la iniciativa», «candidatura» en lugar de «candidato».

5. Uso de pronombres sin marca de género
– Los pronombres relativos sin marca de género –«quien» o «quienes»– podrán utilizarse siempre que el antecedente quede perfectamente definido y no dé lugar a confusión. Los términos que los complementen, con frecuencia un participio, han de aparecer, siguiendo las reglas generales de la concordancia, en masculino.
Ej.:«quienes resulten elegidos...».

6. Omisión del sujeto
– La omisión del sujeto en las oraciones sólo se producirá cuando el contexto haga referencia de un modo claro a la persona o personas de las que se habla. En tal caso, también podrá omitirse el sujeto recurriendo a las formas no personales del verbo, al se impersonal o a formas pasivas.
Ejs.: «De no presentarse la solicitud...», en lugar de «Si el ciudadano o ciudadana no presentase la solicitud...». «Se decidirá...», en lugar de «El Secretario o Secretaria decidirá...». «Se admitirá como miembro...», en lugar de «El Presidente o Presidenta admitirá como miembro...».
7. Otros recursos
a) Si se considera oportuno, podrá acompañarse al sustantivo en masculino plural de alguna aposición explicativa.
Ejs.: «los trabajadores, tanto mujeres como hombres...», «los jóvenes, de uno y otro sexo...».
b) La barra –«el interesado/a»; «el/la solicitante»– puede ser una alternativa viable siempre que se restrinja a impresos, formularios o documentos análogos, nunca en textos de carácter normativo. En ningún caso deberá recurrirse al símbolo informático de la arroba (“@”).

Artículo 6. Normas de uso.
a) Los recursos anteriores deberán utilizarse de forma razonable, teniendo en cuenta la naturaleza del texto que haya que redactar o modificar, así como su contenido.
b) En cualquier caso, es necesario, en aras de la deseable normalización u homogeneidad del texto, así como para evitar saltos semánticos, mantener el uso de los recursos recomendados a lo largo del mismo. (ej.: si se ha optado por el desdoble «Presidente o Presidenta» no debe usarse “Presidente” como masculino genérico).
c) En el supuesto de que, por razones jurídicas, de técnica legislativa o de estilo, no sea posible el empleo de ninguno de los recursos anteriores, se utilizará el masculino genérico.

Disposición final única. Publicación y entrada en vigor.
El presente acuerdo será objeto de publicación en el Boletín Oficial del Parlamento de Andalucía y entrará en vigor el día 1 de marzo de 2008.

Fuente: http://externos.uma.es/ddes/newe.php?id=105

2 feb 2008

Sexismo lingüístico y sexismo social (Lenguaje sexista IV)


El sexismo se identifica en España cuando se introduce el concepto de género allá por los años setenta, una década después se relacionó discriminación con el sexismo y éste con lingüística. En efecto las connotaciones discriminatorias pueden añadirse a expresiones lingüísticas con la intención de ofender o no; lo que no debe atribuírsele gratuitamente a la lengua española como sistema sino a las personas que utilizan este sistema de signos. ¿Quién no ha utilizado alguna vez ciertas expresiones pluriverbales, frases hechas o estereotipadas sin intención premeditada ni formándolas reflexivamente? Por ejemplo: “miente como un chino”, “es más avaricioso que un judío”, “no seas negrero”, “trabaja como una china”, “hay moros en la cos­ta”, “esto es una merienda de negros”, “no hagas el indio”, “no está muy cató­lico”, “es un hereje” o “parece gitano” (Carazo Dorado: 1992).
Para explicar qué se entiende por discriminación lingüística, hay diferenciar, aunque sea brevemente, entre sexismo lingüístico y sexismo social. Un mensaje que resulta discriminatorio aunque no conlleve un contenido peyorativo ni diferencial por razón de sexo sino por su forma de expresarlo puede decirse que incurre en sexismo lingüístico. Por ejemplo, si una mujer está casada, suele tratársele como “señora”, “esposa de”, “ mujer de”; si no lo está, merece “señorita” o “hija de”. No sucede lo mismo en el caso del varón, a quien siempre se le aplica el tratamiento de “señor”, con independencia de su estado civil, cuando no suele llamarse “señorito” al hombre que no está casado (García Meseguer, 1994: 26-28).
Otros casos:
/1/ La señorita de matemáticas es muy simpática; el profesor de física parece serio. Obsérvese que se utiliza este tratamiento cuando la mujer desempeña determinadas profesiones (maestras, dependientas, cajeras, azafatas); tratamiento que no recibe el varón en las mismas situaciones.
/2/ El juez era una mujer y, por cierto, bellísima. En caso de que el juez hubiera sido varón, no se hubiese especificado su belleza.
Cuando los espacios sociales públicos o privados, las funciones y puestos de trabajo se adscriben en función del sexo y esta realidad hay que expresarla, se incurre en sexismo social.
/3/ En el consejo de administración hay 20 hombres y 3 mujeres. Mensaje que transmite una evidente descompensación –la que hay- entre varones y mujeres pero que, en ningún caso, apunta al sexismo lingüístico porque no se oculta a la mujer ni hay error de concordancia.
/4/ Al acto asistieron los consejeros delegados con sus mujeres. Si esta frase se utilizase con conocimiento de que “los consejeros delegados” sólo son varones que van acompañados de sus mujeres, la expresión denotaría para algunas personas posesión y dependencia ya que, a la inversa, no suele decirse Al acto asistieron las consejeras delegadas con sus hombres.
En ambos casos, se otorga al femenino y masculino diferentes significados ya se refiera a la mujer o al varón.

Veamos otros ejemplos:
/5/ Jardinero (persona que por oficio cuida y cultiva un jardín); jardinera (mujer del jardinero; mueble o instalación fija para poner plantas de adorno directamente en la tierra o en macetas).
/6/ Gobernanta (“mujer que lleva la administración de una casa”; antiguamente se denominaba así “a las gobernantas de los hoteles”); gobernante (“varón que gobierna”).
/7/ Secretario (“persona que tiene un alto cargo en la Administración”); secretaria (“persona que realiza determinadas tareas administrativas y que depende de un superior”)[1].
En los diccionarios hay una evidente muestra de sexismo social –que no lingüístico- cuando se describe una palabra con diferentes significados ya se refiera al femenino o masculino. “Estos glosarios reflejan actos de habla que son consecuencia de hechos sociales y, por tanto, no debe culpabilizase de esto a la lengua” (Alvar, 1989: ABC, Madrid). Las personas que los redactan y se encargan de su actualización de los diccionarios son quienes han de cuidar y revisar la terminología utilizada para indicar el exacto valor social y pragmático de la realidad que vivimos. Y es que las palabras acuñadas por la sociedad deben estar en los diccionarios para advertir de términos desusados, peyorativos o discriminatorios, como dice Bengoechea[2]. Este tema ha sido estudiado con detenimiento por las personas que componen la Comisión nombra (1997-1998)[3], el resultado se publicó en la obra Lo femenino y lo masculino en el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (1999). En el mismo sentido, mencionar también la obra de Lledó Cunil, Calero Fernández y Forjas Berdet (2004): De mujeres y diccionarios. Evolución de lo femenino en la 22ª edición del drae. Consideraciones que con seguridad han debido tenerse en cuenta por quienes actualizan el DRAE y han elaborado el Diccionario panhispánico de dudas (2005).
1 Los duales aparentes
Los duales aparentes o palabras con dueño son expresiones que adquieren significados diferentes según el sexo de la persona a la que se refieran, según el sexo de la persona a la que se aplican. Se incurre en este tipo de sexismo lingüístico cuando se utilizan ciertas palabras que pueden identificarse aisladamente y, además, no tienen un correlativo masculino para varones o, lo que es lo mismo, adquieren presencia e influjo en la vida social, ya se empleen para el varón o se refieran a la mujer. La solución a los duales aparentes es compleja porque con frecuencia el término femenino ya está ocupado con un sentido inferior, esto frena su utilización en los mismos contextos en los que se emplea el término masculino (gobernanta, señorita, secretaria, la mujer de...). Algo parecido ocurre con los nombres de animales, cuando se utilizan en femenino y se aplican a personas, observemos sus distintas connotaciones: perro y perra, lagarto y lagarta, gato y gata, tigre y tigresa, zorro y zorra[4]. También se otorga personalidad propia al varón, mientras que a la mujer se le concede según el grado de dependencia que tenga de éste: el abajo firmante y su esposa [5]. Usos de los vocablos ocupados muy arraigados en ciertos ámbitos, especialmente en el jurídico, eclesiástico, político y administrativo: juez, letrado, denunciante, obispo, sacerdote, empresario, inversor, usuario, etcétera. En la medida en que las mujeres cada vez ocupan más espacio público, han de utilizarse designaciones en femenino: empresaria, inversora, usuaria, letrada, jueza, alcaldesa, fiscala, magistrada; aunque siempre respetando la gramática del español.
2 El salto semántico
El salto semántico es un fenómeno lingüístico relacionado con la utilización del masculino genérico. De hecho, se incurre en salto semántico cuando se emplea un vocablo masculino utilizado, aparentemente, en sentido genérico; sin embargo, más adelante, en el mismo contexto, se repite el masculino con valor específico, es decir, referido al varón exclusivamente. Este segundo empleo demuestra que el primer enunciado era sexista, circunstancia que habría pasado inadvertida de no haberse añadido la segunda parte de la frase (Ayala Castro y otras autoras: 2002:71). Es decir, comienza el texto utilizándose el género gramatical masculino que, aparentemente, incluye a mujeres y varones; pero, después, se recurre a un femenino que la oculta (García Meseguer, 1994:62). Estas formas conducen a una sutil discriminación y se muestran con frecuencia, entre otros, en documentos administrativos y didácticos. Observemos los siguientes ejemplos:
/8/ Los extranjeros europeos que habitaban en el valle del Guadalquivir se dedican al comercio y sus mujeres suelen ocuparse de… Puede parecer que el masculino plural “extranjeros europeos” engloba los dos sexos, mas no es así. A primera vista no se capta nada especial, pero inconscientemente se fomenta el fenómeno de identificación de la parte con el todo; en este caso, del varón con la persona (García Meseguer, 1994: 63).
/9/ Todos, desde los jefes hasta los guardias y sus mujeres, escuchan las tertulias radiofónicas. (El País, 5 de noviembre de 1995). Se ha eliminado de un plumazo a todas las guardias civiles, con la frase “hasta los guardias y sus mujeres”, que excluye “las guardias y sus maridos” (Cit. en Grijelmo, 1997: 505).
/10/ Por domiciliar su nómina, se regalará a nuestros clientes un teléfono portátil. Las mujeres recibirán un costurero.
En lo referente a este último ejemplo e independientemente de que los regalos elegidos denotan una actitud sexista, se asignan sutilmente funciones diferentes al varón y a la mujer. Parece que se incluye a las mujeres en el término “clientes”, cuando esa palabra no se refiere a la totalidad de la población sino de un determinado colectivo, el de los hombres varones. Además, marcado con el signo ortográfico del punto y aparte, aclara que “las mujeres que sean clientes no recibirán el teléfono portátil sino un costurero”.
Para comprobar cuándo hay salto semántico y si se altera la importancia e igualdad de las personas por ser mujeres o varones, pueden utilizarse algunas pruebas:
a) Invertir datos de la frase para comprobar que no se encomiendan tareas ni atribuyen funciones según el sexo: Por domiciliar su nómina, nuestra clienta será obsequiada con un teléfono móvil. A los varones se les regalará un costurero.
b) Expresar funciones en masculino o femenino, según el caso: Cuando la directora del banco estaba en la reunión, su secretario le pasó una llamada de teléfono.
c) Adjudicar premios, regalos, etcétera indistintamente y sin atribuir connotaciones:
Por domiciliar su nómina, nuestra clientela será obsequiada con un teléfono portátil o un costurero.
De este modo se evitará encomendar funciones camufladas según el sexo (“gestionar y utilizar el teléfono con fines profesionales es propio de varones, coser es una función de las mujeres”). Y es que, con expresiones como éstas, se consolidan mecanismos de discriminación que refuerzan sutilmente la tradicional identificación de “hombres” con “personas” sin que en ningún caso se mencione a las mujeres, a quienes se les excluye mediante un femenino no real.
3. Otras disimetrías discursivas
Para completar la exposición que hacemos sobre sexismo lingüístico, significamos otras disimetrías discursivas que, según Ayala Castro y otras autoras (2002: 61), pueden clasificarse del siguiente modo:
a) Disimetría en la denominación: cuando se nombra a la mujer por su condición sexual y al varón por su condición social o profesional (Se presentan al concurso tres candidatos y dos son mujeres; en lugar de: Se presentan al concurso cinco personas).
b) Disimetría en la aposición: cuando se usa la palabra “mujer” seguida de la profesión o posición que ocupa en el espacio público y no se hace lo mismo con el varón (Las mujeres militares). Es redundante porque el determinante ya nos indica que se trata de mujeres; podía decirse las militares, los militares, las policías, los policías.
c) Disimetría en las designaciones de los nombres propios: es frecuente referirnos a un varón por su apellido (Álvarez Cascos) y utilizar el nombre más el apellido si se trata de una mujer (Ana Botella).
d) Disimetría en los tratamientos: cada vez es más frecuente el uso de tratamientos heterogéneos tanto en los textos cortos como en los largos, especialmente en los administrativos:
/11/ Se precisa informático/a para ocupar un puesto en esta empresa. Los interesados deberán ser titulados en... Utilizan las dobles terminaciones y barras al principio del texto y después se olvidan dichas piruetas, se utilizan masculinos genéricos y, como consecuencia de esta disimetría, se excluye a la mujer.
/12/ Será adjudicatario/a del puesto que se convoca con carácter provisional en virtud de este procedimiento, el funcionario/a perteneciente a... En el proceso de valoración podrá recabarse formalmente de los interesados las aclaraciones o, en su caso, la documentación adicional que se estimen necesarias para la comprobación de los méritos alegados. Se nombrará al aspirante seleccionado cuando...
Con estos inventos lingüísticos se consigue un efecto contrario al que se pretende; con la incorporación de piruetas lingüísticas no se logran avances sociales, no se equipararán los derechos del varón y los de la mujer ni se suprimen las diferencias salariales. Habría que definir ciertas estrategias sociales para combatir el sexismo y, después, se llevarán a la práctica modificaciones lingüísticas.
Notas:
[1] Descripción que se recoge en el Diccionario de la lengua española (2002), vigésima segunda edición. Artículo enmendado para la edición vigésimo tercera.
Consultado en diciembre de 2005: www.rae.es
[2] Cit. en Andújar y Manhe (1998: 30-32).
[3] Siete mujeres filólogas, pioneras en estos temas: Mercedes Bengoechea, Ana Vargas, Eulalia Lledó, Mercedes Mediavilla, Isabel Rubio, Aurora Marco y Carmen Alario.
[4] Simónides de Amorgos (VII-VI a. J. C.). Poeta griego que escribió la sátira Catálogo de las mujeres: “De modo diverso la divinidad hizo el talante de la mujer/ desde un comienzo. A la una la sacó de la híspida cerda:/en su casa está todo mugriento por el fango, /en desorden y rodando por los suelos. /Y ella sin lavarse y con vestidos sucios, /revolcándose en estiércol se hincha de grasa. /A otra la hizo Dios de la perversa zorra, /una mujer que lo sabe todo. No se le escapa nada/inadvertido de lo malo ni de lo bueno […]”.
[5] Tomás Ríos (2005): “las sentencias judiciales: estudio y análisis sociolingüístico”, Revista electrónica de estudios filológicos núm. 9, Universidad de Murcia.
Consultada en septiembre de 2005:

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